La conexión entre Fargo y Kumiko

octubre 25, 2016
fargo

La carrera de los hermanos Coen tuvo un inicio fulgurante con el thriller “Sangre fácil” (1984). “Arizona Baby” (1987), con sus excesos visuales y tonales, hizo temer un resbalón por la pendiente de la posmodernidad; pero siguieron dos películas más contenidas formalmente y sin duda brillantísimas como fueron “Muerte entre las floras” (1990) y “Barton Fink” (1991); las dos de época, ambientadas en la primera mitad del siglo XX en plan perfect girls, como también fue el caso de “El gran salto” (1994), una vez más muy barroca visualmente y dotada de un argumento muy cínico y un sentido del humor esquivo que convierten el film en una de las comedias más sombrías nunca filmadas.

En cualquier caso, el cine de Joel y Ethan Coen ya había definido entonces sus características: un gran dominio de la puesta en escena, con cierta tendencia al exceso (lo cual no siempre será un defecto, como lo demuestran algunas escenas de “El gran Lebowski” -1998-), las referencias visuales y temáticas al cine clásico, entre el distanciamiento y el respeto, nada que ver con vporno videos, y la predilección por unas tramas alambinades en que las acciones apresuradas o absurdas de personajes neuróticos conducen al desastre más absoluto (con algunas excepciones).

La madurez de los hermanos Coen

Participando de estas influencias y características, “Fargo” (1996) se erigía en el film más equilibrado de entre los escritos y dirigidos por los hermanos Coen. No tenía el aliento clásico ni resultaba tan fascinante como la insólita “Barton Fink”. Transcurría en la actualidad en la gélida y rural Dakota norteña y los personajes eran casi todos imbéciles o psicópatas, o las dos cosas a la vez, con la notable excepción de la sensata y entrañable sheriff embarazada que hacía Frances McDormand (esposa de Joel Coen en la vida real). Pero un guion impecable y una realización excepcionalmente elegante y sobria propiciaron un film irrepetible, un thriller atípico pleno de momentos antológicos. No podemos obviar las composiciones de William H. Macy -el patetismo personificado-, o de Steve Buscemi y Peter Stormare (imperturbable mientras hace desaparecer un cadáver en una máquina de hacer serrín, sólo se emociona viendo telenovelas), o la inspirada banda sonora de Carter Burwell que se adapta perfectamente al aire tragicómico de la historia o al paisaje nevado espléndidamente fotografiado por Roger Deakins.

La película ha propiciado recientemente una serie de televisión con el mismo título, que ha suscitado muy buenas críticas.

El germen de Kumiko

Y también constituye el insólito punto de partida de una película inclasificable. Dirigida el 2014 por David Zellner -un independiente a quien habrá que seguir la pista-, “Kumiko, the Treasure Hunter” narra la peripecia de la Kumiko del título (Rinko Kikuchi), una japonesa tímida y más rara que un perro verde decidida a encontrar la maleta llena de dinero que el personaje de Steve Buscemi entierra bajo la nieve al final de “Fargo”. Como la cinta de VHS destartalada que le sirve de inspiración ve que la historia está basada en un caso real, nadie la podrá convencer de que su propósito sea un poco disparatado, y tampoco le desanimará el mal tiempo que hace en Minnesota.

#Cine

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